De dignidad y soflamas

Rosa, Gerardo, Manel, Carmen, Dolors, nombres de ficción pero que perfectamente podrían ser los nombres de tantas personas que, cometiendo un delito dramático de tener más de 80 años, se difuminaron en la sociedad y relegados en el orden de la vida les dieron por irrecuperables por esta injusta sociedad.

Tener más de 80 años en España es sinónimo de decrepitud, de desalojo de unos principios morales en los que no caben riesgos innecesarios para nuestra mimada y gloriosa red asistencial, pero que en realidad es y será la cenicienta y la menospreciada red de seguridad social.

¿Es digno dejar sin asistencia a tantas personas por pertenecer a un colectivo vulnerable? Oigo voces, pero nadie se rasga las vestiduras salvo aquellos familiares y amigos que han sufrido este drama, por no llamarlo “delito”.

Me imagino, luego de salir de esta pesadilla, los cientos de denuncias que se interpondrán en los juzgados de lo penal, ¡sí de lo penal!, porque la rabia de sentirte privado de esa manera tan cruel de una madre, de un padre, da fuerzas para buscar responsabilidad en aquellos que habiendo podido prevenirlo, hicieron de su deber una serie de despropósitos irresponsables.

Llegan las 20 horas y oigo los aplausos, por respeto los admiro, más en mi interior resuenan otros sonidos menos llamativos y más dramáticos, los sollozos, las lágrimas y la pena más dura por haber perdido a un ser querido de tan dramática manera y sin poder despedirse de él.

Y entonces callo y asumo el contraste más extremo de nuestro mundo, aquel de no saber sufrir por los demás.

Soflamas llegarán, con o sin buenas intenciones si es que a las peroratas se le pueden atribuir bienes intencionados.

Discursos analizando el desastre humano y económico que nos espera, y enardeciendo a las masas, oculten su responsabilidad en los hechos acaecidos.

La falta de dignidad en sus palabras retumbaran por días en nuestros pensamientos, e iniciarán un proceso de intentar tapar con sus medios afines la mala gestión de esta crisis y la gran mayoría olvidará, con cierta insolencia, que dejamos morir a nuestros mayores sin la asistencia que se merecían.

Rosa, Gerardo, Manel, Carmen, Dolors, serán solo meras estadísticas en este infierno de dolor.

¡Qué injusta es la vida!

2020-05-17T20:05:15+01:00 17/05/2020 | 20:05|Categories: Columnes d'opinió, Mayoría silenciosa|
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