Venganza al amanecer

Sonó el despertador. Eran las 5:30h de la mañana. Se vistió y se puso el chándal, hoy era el día, tenía que hacerlo, lo tenía todo preparado.

En otro punto de la ciudad, también sonó el despertador a la misma hora, ella es Andrea, y como cada día, se puso la ropa de deporte y se preparó para salir a correr. Diariamente corría 12 kilómetros antes de incorporarse a su trabajo. Empezaba cerca de un faro, lugar emblemático del pueblo, un faro que guiaba a los pescadores antaño, y era una atracción en su ciudad actualmente.

Andrea corría hasta el siguiente pueblo y regresaba para después ducharse y se incorporaba a su trabajo de cajera en una entidad bancaria.

Los padres de Andrea tenían varios negocios (inmobiliarias, un restaurante, un concesionario de coches) pero ella quería ser independiente económicamente y por eso trabajaba en la oficina bancaria.

Enfiló el paseo para calentar y se puso sus auriculares para escuchar música mientras corría, como siempre no había casi nadie a esa hora.

Junto al paseo muchos coches aparcados llenos de polvo. En un momento de la carrera se percató que alguien más corría un poco detrás de ella.

Pudo distinguir a un chico de tez morena y un tatuaje en un dedo y, a pesar del calor, corría con capucha. A ella no le extrañó, a veces alguien corría de esta manera para sudar más y perder peso. Siguió concentrada en su ritmo y su música.

Andrea no se dio cuenta de que el otro corredor cada vez estaba más cerca.

Cuando ya casi estaba a su altura un coche arrancó cerca del paseo, lo que hizo que el corredor aflojara el ritmo. Alguien cogió el coche para ir a trabajar.

La velocidad de Andrea era constante, pero otra vez el otro corredor se le acercaba y ella no se percató que estaba a un metro escaso de ella.

Al llegar a la parte menos luminosa del paseo, el corredor se puso a su altura y del bolsillo sacó un aerosol y, apuntándole a la cara, le echó un gas.

Andrea quedó adormecida al momento, el perseguidor la cogió por las axilas y la arrastró junto a una furgoneta que tenía aparcada junto al paseo. La introdujo en la parte trasera, y procedió a atarla de pies y manos tapándole la boca con cinta americana. La furgoneta arrancó y se perdió entre los rayos del sol, que empezaba a despuntar.

Cuando Andrea despertó estaba en un cuarto sin ningún tipo de luz natural.

-¿Qué quieres, por qué me trajiste hasta aquí? -gritó ella.

-Nada quiero de ti. Pero tus padres dejaron en la miseria a los míos, y a mí con ellos, al estafarlos en la compra de una casa. Llevo mucho tiempo esperando para devolverles la jugada, pero será una jugada que no olvidaran nunca. Mis padres se suicidaron a causa de la depresión de verse en la calle con un hijo. Cuando ellos murieron yo tenía 13 años, y desde ese día, jure vengarme. Hoy es el día.

-Pídele a mis padres lo que quieras, ellos te darán el dinero que quieras.

-Lo único que quiero es a mis padres y por su culpa no los tengo. Ellos pagaran por eso.

El individuo salió de la habitación y la dejó sola. Media hora después regresó.

Los ojos de Andrea se le salían de las órbitas, entró el secuestrador con una sierra eléctrica en las manos.

Ella no sintió nada, solo el primer golpe, después oscuridad total.

A media mañana nadie sabía nada de Andrea y eran las 12:45h. Su jefe se extrañó porque siempre era puntual y los padres estaban preocupados.

La policía recibió un aviso, alguien encontró una maleta de grandes dimensiones entre unos árboles del parque de la ciudad.

Lo que encontró dentro la policía era algo que ni en la peor de las pesadillas podías imaginar. Las investigaciones duraron varios años, pero no se pudo descubrir ni una huella ni nada, era el crimen perfecto.

Los padres lo pasaron muy mal mucho tiempo, pero hoy tenían que poner buena cara porque en la agencia inmobiliaria empezaba un nuevo vendedor, un hombre de mediana edad con tez morena y un tatuaje en un dedo.

2020-07-29T08:33:08+01:00 29/07/2020 | 08:33|Categories: Columnes d'opinió, Los lunes al sol|
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