Carolina, vida sensorial

2021-02-01T13:13:45+01:00 01/02/2021|

Me presentaré. Me llamo Carolina, pero desde pequeña todo el mundo me llama Carol. Vine al mundo un día 4/11/1957 en el Maternite Sainte Felicite Hospital de París. Mi madre me contó que fue un día muy raro, amaneció soleado y radiante para ser noviembre, pero cuando se acercaba el momento de yo nacer, se puso muy negro y con amenaza de tormenta, tormenta que cayó con rayos y truenos. El día que nací le dieron a mis padres una nada agradable noticia: tenía una infección de hígado grave y dependiendo de la evolución podía ser mortal, pero tuve suerte y tiré adelante.

Decían que era una niña preciosa, muy buena, tranquila y muy observadora de todo lo que me rodeaba, me podían dejar con cualquier familiar o amigo, siempre me portaba bien, y a nadie le molestaba quedarse conmigo, al contrario. Yo vivía entonces en Rúe Róyale: esta calle comunica la plaza de la Concordia con la Madeleine.

Cuando ya empiezo a tener recuerdos propios, aproximadamente a los 3 años más o menos, recuerdo que tenía rechazo a ciertas personas, sitios y situaciones. Cuando me llevaban de paseo dentro de la ciudad yo me separaba de sitios o veía situaciones que me angustiaban, me creaban malestar y me sentía nerviosa. A veces se me acercaban personas y yo me separaba, no quería su presencia, las veía con maldad. A día de hoy me pasa lo mismo. Siendo tan pequeña comencé ya a sufrir emocional y físicamente con los sucesos que pasaban a mi alrededor y que no podía comprender. Yo me los guardaba en mi interior y no podía explicarlos, pues solo era una niña.

En la primera etapa del colegio yo asistía al École élémentaire Voltaire, situado en 8 Cité Voltaire. Yo no paraba de llorar, me sentía muy mal día tras día, solo quería irme a casa. Sentía escalofríos, escuchaba a seres de otras etapas y cosas parecidas. Me pasé 4 o 5 meses llorando. Los profesores estaban hartos de mí, me trataban mal, me castigaban, pensaban que era una niña rebelde y mi madre no entendía nada.

Llegó un momento en que empecé a aceptar convivir con todo esto, por ejemplo, si tenía que ir al lavabo y pasaba por habitaciones que en teoría estaban vacías, yo sabía que en ellas había alguien, aunque no lo viera, igual que cuando asistía a la capilla o a alguna clase vacía, yo sabía que alguien estaba allí. A veces, a alguna compañera o amiga del colegio les advertía que depende del día no subieran a la capilla, porque había muertos. Les avisaba que tuvieran cuidado con las fuentes, que podían tener accidentes. Yo sufría mucho porque presentía todas las cosas malas.

Un día, cuando yo tenía unos 7 años, estaba sentada con unas amigas en el peldaño de una escalera y vi como venían hacia nosotras tres niños; uno de ellos tenía un martillo en la mano y supe que me iba a golpear con él. Efectivamente, cuando llegaron a nuestra altura se paró delante de mí y me golpeó en la cabeza. El golpe fue horrible y la consiguiente hemorragia grande, me marché a casa sangrando mucho, pero mi preocupación a esa edad era como podía evitar esas visiones y percepciones.

Con 9 años, tenía una amiga de colegio que también era vecina de calle. Un día quedamos para jugar un rato en su casa, pero cuando iba subiendo por las escaleras empecé a sentir frío, olor fuerte y angustia, no quería seguir subiendo, pero tenía que hacerlo. Al entrar en su casa me asusté mucho, pues presentí muerte. No entendía nada, solo quería irme a mi casa y llorar, llorar desconsoladamente. Me encontraba muy mal. Al día siguiente, mi amiga no vino al colegio: falleció esa noche.

Cerca de mi casa hay una biblioteca, la Biblioteca de Santa Genoveva, por la cual yo no pasaba cerca porque sabía que en el interior había muchos difuntos de otras épocas. Estas son algunas situaciones de las muchas que he vivido, cosas que no puedo controlar y sufriendo mucho por ello, pero intentando convivir con ese lastre. Cuando era adolescente todavía intentaba callar y estaba resignada a ello. Viendo las personas que se acercan a mí enseguida sé si son buenas o malas, pero eso forma parte de el segundo capítulo de la historia de Carol.

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