Violencia familiar

2021-04-19T12:25:01+01:00 19/04/2021|

Los niños se fueron a la cama, como siempre que el matrimonio empezaba una discusión, algo que pasaba muy frecuentemente.

Ella estaba cansada de esa situación, pero no podía hacer nada. No tenía ningún sitio donde ir, tanto ella como los dos niños fruto de ese matrimonio. Su miedo era muy grande.

Siempre era lo mismo, él llegaba con más alcohol de la cuenta en el cuerpo, empezaban los gritos, los niños se marchaban a la cama, muchas veces con lágrimas en los ojos. Él la obligaba a ella a ir al dormitorio y sin importarle nada, ni los hijos que estaban en la habitación de al lado, la obligaba a mantener sexo y cuando acababa se daba la vuelta y se dormía roncando como un cerdo.

Al día siguiente se levantaba como si nada hubiera pasado y se marchaba a trabajar y ella a rezar para que no pasara lo mismo esa noche. A causa de ese trato tomó la decisión. Ese día se levantó y llevó a los niños al colegio. Pagó el comedor para que se quedaran a comer y se dirigió a su casa.

Abrió la puerta, se dirigió al cuarto de baño, se empezó a desnudar y llenó la bañera con agua. Cuando estuvo llena se introdujo en ella y con la mano derecha cogió una cuchilla de afeitar y se la acercó a la mano izquierda. En ese momento sonó el timbre. Por un momento pensó en no abrir y continuar con su idea, pero algo la empujó a salir de la bañera y abrir la puerta. Se puso una toalla grande y el albornoz por encima y se dirigió a abrir la puerta. El que llamó era un vecino de su edad, casado y sin hijos.

-Buenos días Carmen, se nos terminó el butano y hasta que no cobre a final de semana no podemos comprar, ¿me puedes dejar una bombona y te la devolveremos?

-Si, por supuesto, entra y la coges que la tenemos en la cocina.

Él miró la cara de ella y vio que tenía los ojos hinchados de llorar.

-¿Qué pasa Carmen? Te veo muy triste

-Nada, es que no me encuentro bien.

No le convenció la respuesta y más escuchando los gritos habitualmente por las noches.

-Carmen, dime si tienes algún problema y te puedo ayudar -ella se derrumbó en ese momento y empezó a llorar y le contó lo que pensaba hacer cuando él llegó. El vecino le pidió que se vistiera y fuera hasta su casa. Llegaron al piso los dos y se sentaron con la esposa del vecino. Allí ella les explicó los golpes que recibía normalmente y la obligación de mantener sexo. Juntos tomaron una decisión: hoy sería el último día que esa bestia le pondría la mano encima.

Cuando los niños salieran del colegio, los llevaría a casa del matrimonio vecino y él iría con ella a su casa hasta que llegara el marido y cuando intentara pegarla u obligarla llamarían a la policía.

Las 11:30h era la hora que se escucharon las llaves en la puerta. Como siempre, llegaba borracho.

-¿Donde están los niños? Sabes que no quiero que se acuesten hasta que yo llegue.

-Los niños no están en casa, están en casa de una vecina -fue la respuesta.

-¿Quién te dio permiso para dejar a los niños en casa de nadie? -dijo mientras se acercó a la mujer con intenciones de agredirla.

En ese momento salió el vecino de la cocina diciendo:

-Si la toca no volverás a ver a tus hijos más, porque un juez lo impedirá.

-¿Y tú quién eres, el amante de esta fulana?

-No te consiento que hables de esa manera de tu mujer -el marido borracho se fue a la habitación y cuando salió llevaba una pistola en las manos, apuntando al vecino que protegió a la mujer con su cuerpo.

-Podéis rezar si sabéis, porque os voy a matar a los dos -dijo mientras apuntaba a la cabeza de él. Fueron segundos, pero el clic del gatillo sonó como un trueno y la detonación les asustó a los dos, que cerraron los ojos. Cuando los abrieron segundos después, él estaba delante apuntándoles con el arma todavía y volvió a apretar el gatillo y otra detonación silenció la casa.

Los dos estaban sin ningún tipo de herida. La causa fue que el que le vendió la pistola le dio balas de fogueo y por eso no pudo perpetrar la masacre. Los dos salieron corriendo de la vivienda en el momento que llegaba la policía avisada por la esposa del vecino. Lo detuvieron y en el juicio fue condenado a muchos años de cárcel.

El matrimonio vecino vivió con los dos hijos y con Carmen bastante tiempo, hasta que ella fue lo suficientemente fuerte para empezar una nueva vida sin el monstruo que tenía por esposo. “Ante el más pequeño síntoma de violencia y acoso hay que denunciar”, fue el consejo que le dio la policía.

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