El último viaje

2021-09-06T15:43:57+01:0006/09/2021|

Pedro y Rafael son un matrimonio como muchos, a pesar de la diferencia de edad se quieren y son felices, aunque mucha gente no acaba de entender eso de que dos hombres se casen.

En la zona donde se casaron fueron la primera pareja gay que lo realizó. Fue una gran boda con muchos invitados, aunque no estuvo toda la familia de ninguno de los dos.

Ellos y muchos amigos, pero nada les estropearía la ceremonia, fue un día inolvidable.

Llevaban ya varios años casados y siempre le decía Pedro a Rafael que tenían que hacer un crucero juntos.

Un día, Pedro tenía visita con el doctor de cabecera por unos dolores estomacales. El doctor le mandó varias pruebas para conocer el origen del dolor, él no quiso decirle nada a su marido.

Cuando fue a recoger los resultados fue como un mazazo en la cabeza: cáncer de estómago, con metástasis en el hígado. Tres meses de vida.

Pedro se quedó muy deprimido, pero no quería decirle nada a su marido Rafael. Pero su semblante le delataba y se lo preguntó directamente:

—Pedro, ¿qué te dijo el doctor? —preguntó Rafael.

—Malas noticias, sufro de fibromialgia —mintió Pedro.

—No te preocupes, eso si lo controlan los médicos tendrás una vida casi normal. Algún día un poco cansado, pero estaremos bien —esta fue la respuesta de Rafael, antes de darle un fuerte abrazo y un beso en los labios a su marido.

—He pensado que podíamos hacer el crucero por Egipto que teníamos tanta ilusión de hacer, ¿qué te parece, Rafa?

—Pero tú con la fibromialgia, ¿como lo llevarás? Hay que caminar mucho.

—No te preocupes, si me canso cogemos un taxi.

—Lo que tú digas cariño, a mí me parece perfecto.

Al día siguiente, Pedro y Rafael estaban en la agencia de viajes para contratar el crucero. Pedro lo quería para ya y a Rafael no le importaba esperar unos meses a que fuera más barato. Al final se impuso la voz de Pedro. Saldrían la semana siguiente en dirección Egipto.

Toda la semana con carreras para arreglar todos los papeles, pasaportes y vacunas, se dedicaron las 24 horas del día a solucionar todos los trámites.

El día indicado cogían el avión rumbo a El Cairo. A la llegada, la temperatura era de 35 grados.

Se alojaron en un hotel por esa noche, para el día siguiente empezar la ruta. El día prometía mucho, tenían una visita a las pirámides de Guiza, una de las siete maravillas del mundo, donde ver la esfinge de Guiza, mitad cabeza de faraón, mitad cuerpo de león.

Cuando acabo el día, Pedro estaba muy cansado y con dolor abdominal. Cenaron poco y se fueron a dormir, al ver el cansancio de su marido, Rafael le preguntó:

—¿Crees que fue buena idea venir tan lejos con tu fibromialgia?

—Por supuesto que sí, igual otro año no podemos —contestó Pedro.

Los días fueron pasando y visitando todo Egipto: crucero por el Nilo, visita a Luxor, Hurghada y los últimos días en El Cairo.

Cuando volvían en avión, el aspecto de Pedro era preocupante y Rafael le comentó:

—Creo que no fue buena idea venir.

—Seguro que si, con el tiempo me darás la razón.

Solo pisar el aeropuerto de Barcelona, Rafael lo tenía claro.

—Esta misma tarde iremos al médico para que te hagan una analítica y valoren tu estado de salud, estás muy demacrado y no me gusta nada.

Cuando llegaron a casa, se dieron una ducha y cogieron el coche para ir al médico. Conducía Rafael; se dirigía al hospital de la comarca y Pedro le indicó que fueran al Clínico, en Barcelona.

—¿Por qué al Clínico? —preguntó Rafael.

—Allí está el especialista que me lleva.

Cuando estaban en la puerta del doctor que le tenía que atender, el letrero ponía: “Doctor Guerrero, Oncólogo”. ¿Qué significaba esto? Rafael no entendía nada, pero pronto lo entendería.

Dentro de la consulta, el doctor se dirigió a los dos después de mirar el resultado de los análisis que le acababan de realizar.

—La última vez que estuvo aquí, le comenté que le quedaban tres meses, tengo que decir que estaba equivocado. Viendo los resultados, usted se tiene que quedar ingresado. Por precaución —dijo dirigiéndose a Pedro— me gustaría hablar con su marido un momento, si me lo permite.

Pedro salió de la consulta.

—A su marido no le quedan más de 72 horas, el cáncer se está repartiendo por todo el cuerpo imparable —Rafael se puso a llorar desconsoladamente.

—¿Por qué no me lo dijo antes? —gritaba.

—Esté usted tranquilo, lo que menos necesita su marido es nervios —comentó el doctor. Cuando pudo controlar su estado de ánimo, entró en la habitación donde estaba Pedro.

—¿Por qué no me lo dijiste? Nos hubiéramos quedado en casa y tú estarías más relajado.

—Era la ilusión que teníamos y quería que se hiciera posible a pesar de mi enfermedad.

—¿Y de qué me sirve el viaje si al final te perderé?

—Los días que hemos pasado juntos no los olvidarás nunca, y cuando yo me marche, tú podrás recordarlos y mirar todas las fotos que hicimos, será como un regalo que te hago yo para el resto de tu vida.

Los dos se abrazaron, estuvieron un largo tiempo sin separarse. Dos días después, Pedro entró en coma. Todo el tiempo que estuvo ingresado, Rafael no le soltó de la mano, solo repetía:

—No te vayas, por favor, resiste, estoy contigo.

Siempre con lágrimas en los ojos, a la media noche del tercer día, Pedro abrió los ojos y dirigiéndose a Rafael le dijo:

—Gracias, te quiero —al decir la última palabra dejó de respirar y su corazón dejó de latir.

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