El violador del tren

2021-06-14T14:34:20+01:00 14/06/2021|

Cada semana, los sábados, la chica cogía el tren en Barcelona dirección a la costa del Maresme para pasar el día, siempre en sábado. La chica iba sola porque se encontraba con sus amigas cuando llegaban al la playa. Durante varias semanas, la chica vio a una persona que siempre se sentaba en su mismo vagón y desde la distancia la miraba, una semana tras otra. A ella le daba miedo esa persona, pero como había mucha gente en el vagón, no estaba asustada. Esa semana pasó por delante de ella y al llegar al final se giró y se dirigió hacia donde estaba ella.

-¿Está libre, me puedo sentar? -ella ni siquiera contestó, se limitó a apartar las piernas para que el desconocido pudiera pasar y sentarse a su lado. El hombre intentó entablar conversación con ella.

-Hola, hace buen día, ¿verdad?

-Si, es normal, estamos en verano -contestó secamente para a continuación ponerse los auriculares y de esa manera no tener que hablar con ese individuo. Ella, a pesar de que estaba rodeada de mucha gente, tenía mucho miedo y estaba temblando.

Justo cuando llegaba a su estación de destino y se levantó para salir del tren, se dio cuenta de que el hombre también se bajó y seguía detrás de ella a unos veinte metros. Camino de la playa se cruzó con un coche de policía y les avisó de lo que le sucedía, la policía le pidió que continuara su camino que ellos se encargarían de ese individuo. Caminó unos metros para disimuladamente girarse y ver como la policía detenía el hombre y le pedían la documentación. Desde el lugar en el que estaba en ese momento vio como el hombre hablaba con la policía justo al lado del coche policial, y ella continuó camino a la playa para reunirse con sus amigas.

Les explicó lo que le pasaba y lo sucedido esa mañana. Las amigas estaban sorprendidas de que tuviera el valor de avisar a la policía y estaban seguras que lo detuvieron. Mientras estaba hablando con las amigas se quedó paralizada, el hombre estaba a unos veinte metros, tumbado en la playa con gafas de sol y mirando hacia ellas.

-Por favor, vayámonos de aquí -pidió a sus amigas.

-¿Por qué, qué pasa? -contestó una de ellas.

-Está justo detrás de vosotras, no lo han detenido y continúa siguiéndome –las amigas se giraron y vieron al seguidor de su amiga, era un hombre no muy mayor, de unos treinta años, moreno y fuerte y allí estaba. Las chicas recogieron las cosas rápidamente y decidieron dirigirse al tren para volver con su amiga a Barcelona, la acompañarían hasta su casa todas juntas. Emprendieron el camino hacia la estación del tren, de momento el hombre continuó en su sitio sin moverse, llegaron a la estación y esperaron el tren que tardaría unos diez minutos.

Al fin llegaba el tren a la hora en punto, las chicas subieron un poco más tranquilas ya, arrancó el convoy y las chicas empezaron a hablar entre ellas. La puerta del vagón separador se abrió y entro el hombre para sentarse cerca de ellas. Todas estaban asustadas, pero tenían suerte: dos vigilantes se dirigían hacia ellas. Una de las chicas habló con ellos y les explicó lo que pasaba, los vigilantes se dirigieron hacia él con la porra de defensa preparada por si tenían que reducirlo, le pidieron el billete y él les enseñó un bono de transporte, le pidieron la documentación y el hombre sacó la cartera y les enseñó un carnet, los vigilantes continuaron su camino sin poder decirle nada.

El grupo de chicas bajo en la estación de Plaza Cataluña, pero el hombre siguió en el tren. El sábado siguiente, ella estaba muy preocupada por si aparecía otra vez el perseguidor y, efectivamente, menos de cinco minutos en el tren y ya estaba en su vagón. Había cogido un tren diferente a una hora totalmente diferente y allí estaba él. Era un horario con muy poca gente, en el vagón solo estaban ella, el perseguidor y otro hombre más mayor. Ella se quiso proteger sentándose junto al otro hombre, empezó a hablar con él de cosas superfluas, se sentía segura y tranquila. En ese momento, el que la seguía cada semana se levantó del asiento y se dirigió a la puerta para bajar en la siguiente estación. Ella lo vio bajar y se relajó hablando con el nuevo acompañante.

Él le ofreció un caramelo que ella aceptó gustosamente, empezó a chuparlo y también empezó a sentir mareo y que se quedaba dormida. El hombre la arrastró hacia el lavabo del tren y la introdujo dentro, él también entró y empezó a bajarse los pantalones con la clara intención de violarla en el lavabo del tren. En ese momento, un fuerte golpe derribó la puerta del lavabo y de un rápido movimiento le puso las esposas.

Cuando la chica despertó estaba en un hospital y con ella estaban sus padres y el hombre que la perseguía todas las semanas. El chico le explicó que era policía y que llevaban tiempo tras la pista del violador del tren, un delincuente que drogaba a sus víctimas y después las violaba en los lavabos, y como ella era de las características físicas de las otras chicas que fueron violadas su trabajo era seguirla todas las semanas. Ese día estaba seguro de que el hombre con el cual se sentó era el violador, fingió bajarse en una estación para a continuación subirse en el vagón siguiente y de esa manera no se sintiera vigilado y en peligro de ser detenido, aunque en todo momento estuvo controlada y segura.

Desde ese día aprendió a no juzgar tan alegremente las situaciones que sucedían cada día a su alrededor.

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