Vacaciones con el mal

2021-09-13T14:11:51+01:00 13/09/2021|

Celebraban sus 25 años de casados y lo celebraban a lo grande, harían un crucero en uno de los barcos más grandes del mundo. El Symphony era un barco donde podían viajar más de 6000 pasajeros, sería algo inolvidable seguro.

Después de un pequeño viaje en avión ya llegaban al puerto de Barcelona, lugar desde donde partiría el crucero. Solo llegar al puerto para embarcar les impresionó la majestuosidad del barco. Esperaron como todos los pasajeros para embarcar.

Marisa ya temblaba de emoción y a Fernando el corazón le latía de excitación, al fin podían realizar su sueño y lo harían celebrando 25 años de casados, mucho tiempo ahorrando para realizarlo, pero hoy era el día.

A Marisa le recordó al barco de Vacaciones en el mar por la forma de recibirlos las azafatas y azafatos. Cuando llegó su turno, el azafato saludó con un apretón de manos a Fernando y al saludarla a ella le hizo una pequeña caricia en la mano y mirándola a los ojos, le dijo:

—Bienvenida al Symphony, el barco que cambiara sus vidas. Siempre tendrán un antes y un después, no olvidarán este viaje fácilmente.

Ella no le dio importancia a las palabras de bienvenida, suponía que para todos era igual.

Una persona del equipo del barco les acompañó a su camarote, el número 2349, en la planta más alta del barco. Un camarote muy lujoso con vistas al mar que surcaban en todo momento. Dejaron el equipaje y cuando salieron del puerto se aventuraron a investigar por todo el barco. Marisa, con 51 años, tenía un espectacular cuerpo y muchos hombres se giraban cuando se cruzaban con ella y Fernando se daba cuenta y se sentía afortunado de que fuera su esposa.

Visitaron muchas partes del crucero, pero a la hora de la cena, regresaron a su camarote cansados de caminar por el buque. A ella le encantó la zona de compras, era más grande que los centros comerciales que solía visitar cuando estaba en su ciudad. Se dieron una ducha rápida y se vistieron para la cena, ella estaba supe elegante con un vestido corto blanco que dejaba a la vista las torneadas piernas que tenía y el escote a simple vista llamaba la atención de cualquiera, hombre o mujer.

La cena fue espectacular en el restaurante que eligieron, después se dirigieron a la sala de fiestas donde actuaba una orquesta. Cuando se cansaron de bailar (se cansó Fernando, por ella seguiría toda la noche, le encantaba bailar), se sentaron en una mesa y pidieron dos cócteles. En ese momento sonaba música de baladas, se le acercó una persona y dirigiéndose a ella, le dijo:

—Me encantaría que me permitiera bailar un par de melodías con usted, con permiso de su esposo.

Ella levantó la vista y la sonrisa que tenía en los labios aquella persona le puso nerviosa, era el que les dio la bienvenida al subir al barco.

—Siento no poder complacerle, me duelen los pies —mintió ella.

—Otra vez será, gracias y perdone por el atrevimiento.

—¿Por qué no fuiste a bailar si te encanta y yo estoy cansado? —Le preguntó Fernando.

—Quería seguir a tu lado, estoy tan a gusto —contestó ella. Cuando acabaron los cócteles, ya entrada la madrugada, se dirigieron a su camarote, pero entre la bebida y la poca luz que tenían algunas zonas del barco, estaban desorientados.

—¿Les puedo ayudar en algo? —Una fuerte voz sonó a sus espaldas

—Sí, sí, buscamos el camarote 2349 —respondió el esposo.

Marisa se giró y comprobó que era el mismo que le pidió para bailar, eso le puso nerviosa. La mirada de aquel hombre la dejaba atolondrada.

—Les acompaño, síganme.

La pareja siguió a aquel hombre, que siempre aparecía.

—Aquí está su habitación, la 2349. Que pasen buena noche —dijo el desconocido mirando fijamente a los ojos de ella, manteniendo una sonrisa en la boca.

—Gracias, buenas noches —contestaron los dos al unísono.

Fernando se tumbó en la cama y miró como se desnudaba su mujer, le excitaba mirarla.

Una vez desnuda se acercó a la cama y besó apasionadamente a su esposo, para a continuación hacer el amor apasionadamente como les gustaba a los dos.

Sonó el despertador. Eran las 7:30h, la hora a la que Marisa se levantaba para hacer ejercicio. Se colocó unas mallas y jersey ajustados para hacer deporte y salió para buscar el gimnasio.

No le costó encontrarlo y estaba desierto, a los viajeros no les gustaba madrugar para hacer deporte, pero ella no perdía su rutina nunca, solo por enfermedad. Se subió a una de las bicicletas estáticas y empezó su entrenamiento. Cuando llevaba más de media hora, sudorosa como estaba, levantó la vista hacia el espejo del final de la sala, y vio reflejada la imagen de aquel hombre. Él, siempre él, y nadie más en el gimnasio.

Se acercó hacia donde estaba, y se subió a la bicicleta que estaba justamente detrás de ella.

Intentó mantener la calma, pero aquellos ojos que se clavaban en su espalda le ponían especialmente inquieta. Se bajó de la bici y se dirigió a unas de las saunas, con la esperanza de que desapareciera el intruso. Llevaba diez minutos en la sauna, y percibió como un rostro se acercaba al cristal y observaba el interior. Aquella cara con aquella mirada le produjo pánico, pero si salía se encontraría con él cara a cara y no quería.

El calor en la sauna ya era inaguantable, tendría que salir. Se acercó a la puerta y no pudo abrirla. La temperatura, seguía subiendo y aquella cara seguía en el cristal.

Marisa se puso a gritar, aunque era inútil: nadie en el gimnasio y un letrero en las puertas “cerrado por mantenimiento urgente”. No paraba de llorar y golpear los cristales, la temperatura llegaba a 100º y no aguantaría mucho más. Después de veinte minutos en la sauna con aquella calor, el colapso fue lo que hizo callar a Marisa.

La puerta se abrió y entró el hombre, se paró junto al cuerpo de ella y habló:

—Te lo mereces, tú tenías que ser mía y me despreciaste cuando yo era un jovencito tímido y triste, este es tu castigo por casarte con una persona que no soy yo. Llevo mucho tiempo siguiéndote y nunca te diste cuenta, yo sabía que este crucero cambiaría nuestras vidas, la tuya y la mía, y ahora nos reuniremos en el más allá —cuando acabó de pronunciar estas palabras sonó un disparo, un disparo que le hizo estallar la cabeza cayendo junto al cuerpo de Marisa.

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