Los jubilados son un peligro

2022-07-04T12:23:52+01:0004/07/2022|

Muchos años esperando que llegara este momento y al final todo me lo complican.

Hoy, 15 de junio, acudo al instituto de la Seguridad Social para jubilarme, al final me tocaba por edad.

Un señor muy amable me atiende.

—Buenos días, ¿qué desea?

—A mediados de septiembre cumplo los 65 años y quiero activar mi jubilación.

—Vamos a ver, dígame su DNI.

—046543481 letra M.

—Vamos a ver, tengo malas noticias para usted.

—¿Malas noticias? ¿Qué quiere decir?

—Hace cinco años entró un hacker en las computadoras de la central, pidió un dinero a cambio de dejarlo todo tal y como estaba, al negarse a pagar el gobierno, actuó.

—¿Qué quiere decir actuó?

—Borró todos los datos de tres millones de españoles.

—¿Y eso a mí en qué me afecta?

—Usted no existe para nosotros.

Me empecé a poner nervioso, entendía que yo no tenía derecho a nada.

—Pero alguna manera tendréis de solucionar el asunto.

—La única manera es que usted vaya a las empresas donde trabajó y, si todavía tienen sus datos en los archivos, tráiganos una copia y mediante esa copia podremos actuar en su jubilación.

—La empresa actual donde trabajo si me la podrá dar, pero casi ninguna empresa donde trabaje existe a día de hoy.

—Pues tiene que intentarlo, es la única manera. Sintiéndolo mucho tengo que continuar trabajando, por favor deje el sitio libre.

Solo podía recurrir al jefe de hoy día.

—Buenos días, señor Jacinto, tengo que pedirle un favor. Necesito una copia de los contratos que tengo con ustedes.

—Ya llegó su hora, me alegro mucho. Sin problemas, los pediré a la gestoría y que se los preparen. ¿Le pasa algo? Le veo muy serio.

Le expliqué mi situación, él se puso a mi disposición automáticamente.

—Los días que necesite tómeselos de fiesta por los diez años que lleva con nosotros, es un salvoconducto de buen trabajador. Desgraciadamente yo únicamente le puedo aportar los años que ha estado con nosotros.

—Lo sé, señor Jacinto, gracias por todo.

—Por supuesto tiene a su disposición un coche de empresa para todo lo que necesite, los días que no trabaje se los pagaré igual.

—Le repito, muchas gracias.

Salí del despacho contento por una parte y triste por otra. Contento por la ayuda que me brindaba la empresa y triste porque no sabía por donde empezar.

Las tres empresas anteriores ya no existían y sus dueños fallecieron, nadie me podía facilitar los papeles necesarios.

Diez días buscando y solamente pude encontrar una empresa donde trabajé dos años. Gustosamente me facilitaron lo que pedí, pero no llegaba para poder jubilarme. Toda la vida cotizando y, al final, me veo como un perro.

Después de mucho pensarlo tomé una decisión y esa decisión la ejecutaría en Madrid y tendría resonancia mundial.

A mi jefe le dije que marchaba unos días para arreglar una parte importante del asunto. Como siempre me apoyó y me autorizó a faltar los días que fueran necesarios.

El AVE fue puntual en su salida y también en su llegada, salí de la estación de Atocha en dirección al barrio de Vallecas, allí encontraría lo que necesito: una pistola Glob G19, un arma de gran precisión. Con ella encima y su munición salí caminando del lugar. No quería ser grabado en ninguna cámara, aunque en el fondo me daba igual, mi destino era el hotel Ritz.

Había mucha vigilancia, policías por todas partes. Conocía la forma de entrar en el hotel: conseguí una copia del traje de la Policía Nacional, con galones suficientes para que no fuera fácil que me pararan. Por supuesto, nadie se extrañaba de que llevara un arma.

Me acerqué a la puerta del hotel y nadie me impidió la entrada, los galones impresionan mucho. Una vez dentro subí hasta la tercera planta, pero un guardaespaldas me paró.

—En esta planta no puede entrar nadie, haga el favor de marcharse.

—Soy el nuevo comisario general, encargado de todo el operativo, solo quería constatar que todo estaba bien.

—Todo en orden, perdone por no reconocerlo.

—No se preocupe, es normal, tendría que haberles avisado antes.

Volví a introducirme en el ascensor. Mientras bajaba pude acceder a la parte alta y colocar otra vez el techo, pero conmigo fuera de él, estuve más de seis horas.

Con cierto retraso sobre mi horario, se introdujo en el ascensor mi objetivo, por la forma de hablar supuse que estaba un poco bebido, nada sorprendente en él. Tenía poco tiempo para actuar, si fallaba, acabaría como un colador yo, mi presa se salvaría, se hablaría durante un tiempo y luego se olvidaría todo, yo quería que mi acción pasara a la historia, con la carta que llevaba en el bolsillo todo el mundo se enteraría.

Solo podía realizar un disparo, después sería el fin, pero no me importaba. Levanté con un brusco gesto la parte del ascensor que me molestaba, apreté una sola vez el gatillo, fue un sonido seco, estoy seguro de que cayó fulminado. No pude verlo, sus dos guardaespaldas del ascensor me acribillaron a tiros, pasé a mejor vida.

Los que pudieron leer el diario al día siguiente quedaron sorprendidos.

“El último día del encuentro de jefes de estado de la OTAN, un loco asesinó al presidente del Reino Unido, Boris Johnson, pegándole un tiro en la cabeza. Su acto fue causado, según una carta que dejó escrita, como protesta por no poder cobrar la pensión de jubilación a pesar de tener más de 45 años cotizados. Se está investigando como se pudo introducir sin levantar sospechas en el hotel más protegido de Madrid en estos días, también se creó una agrupación para luchar contra los casos de personas que se quedan en la indigencia a pesar de trabajar toda su vida.”

Espero que mi acto sirva para algo, él no tenía culpa, pero era la única forma de que el mundo se enterase.

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