El rey Leo

2023-07-03T12:39:31+01:0003/07/2023|

Muchos días buscándolo y al fin lo encontraron, el pequeño Daniel estaba en el suelo y, junto a él, un león de grandes dimensiones, todo el mundo se temía lo peor.

Un mes antes

El pequeño Daniel, como cada día que sus padres le dejaban, correteaba por los alrededores del pueblo, un pequeño pueblo situado en la falda de aquella impresionante montaña. Mientras exploraba la montaña, encontró una cueva oculta tras un denso matorral. Su curiosidad infantil no le impidió entrar para descubrir los tesoros que en ella encontraría. No encontró ninguna riqueza material, lo que hayó al fondo de la cueva fue una sorpresa inesperada: un león. Este felino en ningún momento se demostró furioso o amenazante, al contrario, su actitud fue amistosa y de cariño hacia el muchacho.

El animal se acercó al chico y en un acto de sumisión le lamió la cara.

—Te llamaré Leo, serás mi mejor amigo, cada día te traeré comida.

Pasaron varios días y Daniel y el león se hicieron compañeros inseparables. Recorrían toda la montaña, siempre con mucho cuidado de que nadie los pudiera ver.

Un día, al llegar al pueblo para dirigirse a su casa, escuchó una conversación entre adultos.

—Francisco, que lo vio, dice que es el más grande que nunca había visto.

—Tendremos que organizar grupos para dar caza al león.

Esta charla le dejó helado, alguien había visto a su amigo Leo y pretendían cazarlo.

—Seguro que es bueno y no ataca a nadie —expresó su opinión Daniel.

—No te metas en estas cosas y no salgas solo al monte —fue la respuesta.

No podía permitir que mataran a su amigo.

Se dirigió de nuevo a la cueva donde descansaba Leo.

—Leo, tenemos que marcharnos de aquí, quieren matarte.

El león lo miro y pareció entender lo que intentaba explicarle su amigo.

Los dos salieron de la cueva y se dirigieron hacia la profundidad del bosque que rodeaba el pueblo.

En su huida, varias veces tuvieron que esconderse de cazadores furtivos, atravesar algún caudaloso rio y esquivar muchos barrancos. Su unión impedía que se rindieran, mientras tanto en el pueblo se organizaron grupos siempre armados, buscando al niño perdido y atentos por si aparecía el animal visto por los alrededores.

Varios días de ruta fueron suficientes para creerse lejos de las personas que lo buscaban. Construyeron una cabaña, mientras Daniel formaba la estructura de su casa, el león le traía ramas de árboles que encontraba por los alrededores, formaban un equipo perfecto.

El lugar donde se encontraban estaba alejado de cualquier población, comían frutas y hierbas comestibles, alguna vez se acercaron a algún huerto donde coger algo diferente para comer. El león cazaba, pero a Daniel no le gustaba que cazara.

—No tienes que matar ningún animalito —le reñía el chico.

El león agachaba la cabeza en un acto de arrepentimiento, aunque no le servía de mucho, al día siguiente lo volvía a hacer, el instinto animal no se podía evitar.

—Mirad, parecen huellas de un león y están frescas.

Un grupo de hombres armados que buscaban al niño encontraron rastro de un animal y también huellas de pequeños zapatos.

Todos se pusieron alerta, cargaron sus escopetas.

Uno de ellos vio una especie de cabaña entre los árboles.

Poco a poco se fueron acercando hacia ella. Ahora ya podían ver al enorme león, que alerta les estaba mirando.

—El niño está en el suelo, parece muerto.

—No veo rastro de sangre en el crío.

—Atentos, preparados para disparar.

Mientras esto sucedía, el pequeño Daniel estaba ajeno a todo, dormía un sueño profundo que velaba su amigo Leo.

Las armas apuntaban al animal, que entendiendo lo que pasaba, lanzó un rugido que espantó a los cazadores. Estos, al ver que no hacía ninguna acción de atacarlos, aguantaron sin disparar.

El fuerte rugido hizo salir del profundo sueño a Daniel, que viendo lo que sucedía se puso en pie delante de su amigo.

—No disparéis, es mi amigo.

—Aléjate de él, te matará.

—No me matará, él me cuida y yo a él.

—Sal corriendo, nosotros lo mataremos si intenta atacarte.

—No, antes tendréis que matarme a mí.

Acabada esta frase Daniel se puso junto a Leo, abrazándole fuertemente. Los cazadores, viendo que no le atacaba, bajaron las armas.

—Vamos a casa, chico, tus padres están muy preocupados.

—Solo iré si él viene conmigo.

—Vale, tú iras delante y nosotros detrás de ti por si intenta algo acabar con él.

—No os preocupéis, él nunca me hará daño.

La gente del pueblo se quedaban con la boca abierta viendo como un león acompañaba al chico hasta su casa.

Dos meses después, se inauguró una pequeña granja para enseñar a los visitantes del pueblo los animales de los alrededores. La gran atracción era Leo, un león amigo de los niños.

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