Siempre juntos

2024-04-08T15:51:13+01:0008/04/2024|

Los dos eran conocidos en el pueblo, lo que se llama instituciones; hasta los críos que jugaban a pelota en la plaza los reconocían: ellos eran Montse y Alfredo. Desde bien pequeños se conocían; eran compañeros de risas y travesuras. Fácilmente se les podía ver en el parque de los columpios, compartían secretos y exploraban el mundo juntos.

—Mira, Alfredo, esta mañana paseando por la playa me encontré esta bonita concha en la arena.

—Es muy bonita, Montse. La guardaremos como un tesoro de nuestra amistad.

Conversaciones como esta eran habituales entre los dos. Lo que tenía que pasar, pasó: entre risas y tardes de aventuras, creció el amor entre los dos. Con el paso de los años, su amistad se transformó en un vínculo más profundo y especial que resistió el paso del tiempo. La amistad se convirtió en un amor puro y verdadero.

—¿Crees que estaremos siempre juntos, Alfredo?

—Sí, Montse, nada podrá separarnos.

Nunca podrán olvidar aquella tarde dorada, bajo el roble donde tantas veces habían jugado de niños. Alfredo se arrodilló y le pidió a Montse que fuera su esposa. Con lágrimas en los ojos, ella aceptó. Sabía desde ese momento que nunca estaría sola mientras Alfredo estuviera a su lado. La boda fue una celebración para todo el pueblo; todos eran felices porque los conocían desde chavales.

Construyeron una vida juntos. Pasados unos años, la casa sintió la alegría de la llegada de los hijos; hasta cuatro hijos tuvieron. Vieron crecer a nietos y también bisnietos, que llenaron sus días de alegría. La felicidad era total en aquel hogar. Desgraciadamente, el tiempo no perdona y la salud de Montse comenzó a flaquear. A pesar de todos los esfuerzos médicos y la total atención de Alfredo, llegó lo que nadie quería: Montse dejaba este mundo, en silencio como siempre había sido ella, y con ella se llevó un trozo del corazón de Alfredo.

El dolor de la pérdida fue abrumador para él. Durante un año entero se llenó de un vacío insostenible; sus lágrimas eran la compañía que tenía a diario. Cada día extrañaba más a Montse; echaba de menos su amor, su sonrisa y su presencia que le daban vida. En el aniversario de la partida de ella, las fuerzas le fallaban a Alfredo; sintió que ya no podía soportar el peso de la soledad.

Se tumbó en la cama, lugar donde tan buenos momentos pasaron juntos, cogió la concha que un día recogió ella de la arena del mar. Cerró los ojos y lentamente se marchó hacia donde estaba su amor, Montse. Cuando se encontraron en el más allá, fue un encuentro de amor; al fin encontrarían la paz que tanto deseaban.

En la eternidad, Montse y Alfredo se abrazaron con fuerza, prometiéndose amor eterno nuevamente; solo que esta vez el dolor y la tristeza no podían alcanzarlos en aquel lugar, en ese sitio de luz y sombras. Nunca más se separaron porque su amor era superior a la muerte.

P.D. Dedicado a todas esas parejas que pasan sus vidas juntas.

Comparteix el contingut!

Go to Top